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¿Puede una ciudad convertirse en parte de tu educación?

Por Marcia Fernandes

Directora Creativa, FAD Connection

 

Siempre pensé que las escuelas de moda estaban dentro de un edificio.

Hasta que pasé una semana entendiendo que, en realidad, la ciudad también era parte del campus.

Cuando imaginamos estudiar moda en el exterior, solemos pensar en talleres, clases, moodboards, máquinas de coser y profesores. Todo eso forma parte de la experiencia. Pero después de pasar algunos días entre París y Londres junto a Istituto Marangoni, me fui con la sensación de que algunos de los aprendizajes más importantes ocurren mucho antes de entrar al aula.

Empiezan cuando caminas.

Llegué a París un lunes de tarde y me instalé en el hotel en el distrito 16, a pocas cuadras del campus. Tenía un rato libre antes del desfile, así que hice lo que casi siempre hago cuando llego a una ciudad: salir a caminar sin demasiado plan.

El Sena estaba a unos pocos minutos. También el Palais de Tokyo, uno de mis lugares favoritos de París. Recorrí las exposiciones, pasé demasiado tiempo en la librería y encontré algo que busco en cada ciudad que visito: un fotomatón analógico. Colecciono esas pequeñas tiras en blanco y negro de distintos lugares del mundo. Probablemente no signifiquen mucho para nadie más, pero para mí capturan algo que ninguna foto del celular logra registrar. Son imperfectas, inesperadas y terminan convirtiéndose en parte del recuerdo.

Esa misma tarde llegamos al Istituto Italiano di Cultura para Crafting Futures, el desfile anual de Istituto Marangoni Paris. Ver meses de trabajo de los estudiantes convertirse en una colección sobre la pasarela siempre es inspirador, pero lo que más me quedó fue otra cosa: entender cómo la ciudad también forma parte de su lenguaje creativo.

Después del desfile me encontré con una amiga. Compramos una botella de vino, un queso brie, jamón crudo, galletitas y unas papas, y terminamos cenando sobre la orilla del Sena mientras caía el sol. Los días de verano en París parecen no terminar nunca. Después caminamos por Le Marais hasta entrada la noche, antes de que volviera en metro al hotel.

No existe restaurante que supere ese plan.

Al día siguiente nos esperaba Istituto Marangoni Paris. Recorrimos el campus, nos reunimos con el equipo y compartimos un almuerzo mientras conversábamos sobre proyectos que conectan estudiantes de distintas partes del mundo.

Por la tarde visitamos la retrospectiva de Gianni Versace con una recorrida guiada. Ver esas prendas de cerca me recordó que la historia de la moda nunca habla únicamente de ropa. Habla de cultura, música, celebridades, oficio y de la sociedad de cada época.

En lugar de volver en subte, decidí caminar esa hora desde el museo al hotel. Hacía mucho calor. Muchísimo. Pero París tiene esa capacidad de hacer que las distancias parezcan más cortas.

Esa noche cenamos en Kong, con una vista privilegiada sobre el Sena. Había un detalle imposible de ignorar: allí se filmó una escena de Sex and the City. Como alguien que vio la serie, era inevitable pensar en Carrie Bradshaw mientras miraba los techos de París.

De regreso al hotel pasé, casi sin buscarlo, por Louvre.

Y quizás esa sea mi parte favorita de París. La belleza nunca necesita llamar tu atención. Simplemente está ahí.

A la mañana siguiente volví a caminar por Le Marais antes de tomar el Eurostar rumbo a Londres. En apenas unas horas, el ritmo cambió por completo.

París invita a bajar la velocidad. Londres, en cambio, te empuja a seguir en movimiento.

Esa misma tarde visitamos Istituto Marangoni London. El campus está ubicado en Shoreditch, un barrio donde conviven moda, música, cafeterías de especialidad, tiendas vintage y estudios creativos. Resulta imposible separar la universidad de lo que sucede a su alrededor. Las calles parecen una extensión natural de las aulas.

La jornada terminó con una cena en Aqua Shard, contemplando una ciudad que da la impresión de estar siempre en movimiento.

A la mañana siguiente aproveché unas horas libres para caminar por Marylebone hasta llegar a Tate Modern. Como siempre, pasé casi tanto tiempo en la tienda del museo como en las salas. Después seguí hasta Borough Market, donde almorcé comida de Sri Lanka en Rambutan antes de regresar al campus.

Más tarde volvimos a reunirnos con el equipo de Londres y cerramos el día asistiendo a MAGMA, el desfile de graduación de Istituto Marangoni London.

Mientras veía pasar una colección tras otra, no podía dejar de pensar en algo que se había vuelto evidente durante toda la semana.

La formación en moda no empieza cuando comienza una clase. Empieza cuando desarrollás la curiosidad suficiente como para prestar atención.

Está en las librerías de los museos, en las conversaciones durante una cena, en los barrios que todavía no conocés, en una exposición inesperada, en una caminata de regreso al hotel, en un viaje en el Tube, en un café cualquiera o en una tarde de verano sentada junto al río.

Las universidades ofrecen el conocimiento, los profesores y las oportunidades. Pero las ciudades ofrecen perspectiva. Y quizá ese haya sido el aprendizaje más importante que me traje de este viaje. A veces, el aula más memorable no tiene cuatro paredes.

 

Está en las librerías de los museos, en las conversaciones durante una cena, en los barrios que todavía no conocés, en una exposición inesperada, en una caminata de regreso al hotel, en un viaje en el Tube, en un café cualquiera o en una tarde de verano sentada junto al río.

Las universidades ofrecen el conocimiento, los profesores y las oportunidades.

Pero las ciudades ofrecen perspectiva.

Y quizá ese haya sido el aprendizaje más importante que me traje de este viaje.

A veces, el aula más memorable no tiene cuatro paredes.

 

 

Paris & Londres, Julio 2026

 

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